LA IMPORTANCIA DEL CONOCIMIENTO PERSONAL
La fuerza liberal se encuentra
en el intelecto personal, es la gracia de la educación por el mejoramiento del nivel de vida de individuos y grupos que le profesan. Los Liberales no
tenemos por qué participar en confrontaciones que en vez de agraciar la
existencia, proceden en el sentido contrario basándose en el léxico, la
libertad de acción para confundir y tomar el control de situaciones que solo
benefician a la minoría que engrosa la burocracia partidista soportada, nunca a
la verdad del bienestar plural ni mucho menos a las necesidades comunes
provenientes de la cotidianidad.
La coyuntura política vivida
durante los últimos días deja incertidumbre por doquier, e inquietudes, sin
olvidar aquellas que ya hacen parte de nuestra existencia y parecen ser perennes tal y como lo es la confusión. Aquí hay que destacar por aquello de las
preferencias comunes, el debate político, que más bien debería de ser didáctico
cuando menos, ya que no se le reconoce su valor verdadero de esa unión jurídica
necesaria, partiendo del acto legislativo que le adopto y el fin nacional de la
paz que persigue.
El temor estriba en la
coincidencia que se le llegue a dar al manejo divisorio tan común en la lucha
por la dirección – por supuesto del poder – de cualquier conglomerado, temporal
o no y humano, que entre mayor sea la sagacidad del gestor, con mayor número de
partidarios conquistados podrá contar dentro del capital político que logre
conservar. Ahora bien cuando se
sacrifica el ego personal, la ambición y cualquier otra forma de distribución
para los beneficios económicos recogidos, la cuestión cambia de imposible a
difícil, lo cual llena de actividad productiva, subjetiva y positiva a la economía
entera, permitiendo que los debates parlamentarios se concentren en esos
asuntos importantes al estado y al pueblo ansioso de cambios culturales hacia la
idiosincrasia que les pertenece, y glorificando ese resguardo de todos.
No se entiende cómo la Rama
Judicial no se auto controla, permitiendo que los asuntos particulares tengan tanta
diligencia como los contenciosos gubernamentales y públicos, los cuales agotan
la totalidad del tiempo y capacidad del poder judicial, capaz de crear la
operatividad que le guarnece y defiende contra agresiones caudillistas, en
general radicales y civilmente improcedentes. Lo peor, promovidas por sus
propios y más cercanos colegas.
El enemigo es la confusión, el
caos dirigido de forma tal que pueda reinar, y la interpretación errónea
permita la división del conjunto para beneficio de quienes, pregonaran airosos
cuanto se propongan, libres, cual herbívoro inocente que ensalza la quietud de
la pradera que cuida como si fuese su propio dominio, terruño sagrado, donde la
voluntad del patrono, pues es la ley. Conste que se incluye en la afirmación al
vecino, que nunca ha dejado a la rueda del progreso moverse en ninguna dirección,
a esa otra voluntad cerrada a cualquier asomo de acercamiento, como sino
conociéramos lo bastante bien la ambición desmedida que se maneja desde hace
tiempo, abonando en exceso y con antelación cualquier cambio hacia la política socio
económica sobre lo establecido. Ahí es cuando la oposición se requiere, y debería
darse el gusto de intervenir en cada uno de los rincones del territorio, fortaleciendo
la unión en procura de la paz, y ese progreso anhelado por la mayoría ratificada
como gente de bien, sacrificada y trabajadora.
FDO.
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Donde el romanticismo también cuenta.
Octubre 2018
